El origen de los cuadernos


Siempre leemos que se necesita entender el pasado para poder seguir hacia el futuro, aunque también es cierto que lo único que importa es el presente. ¿Suena algo contradictorio no?






En la búsqueda del origen del cuaderno, no hay realmente nada específico. Hay muchos sitios que le otorgan el crédito al australiano J. A. Birchall, quién según cuenta la leyenda, en 1920, creó el primer cuaderno comercial.


Parece ser que las cosas más simples de la vida cotidiana, tienen un origen desconocido.

Birchalls Ltda era una librería de la Ciudad de Launceston, Australia, en la Isla de Tasmania. Fundada en 1844 por Samuel Tegg. En 1863 J. Walsh & Hijos compraron la librería. Andrew Birchall fue su gerente y en 1867 pasó a ser socio comercial.


Hasta 1893 la librería fue Walsch Bros & Birchall, y luego quedó Birchalls solamente.


Durante el siglo XIX se editaron partituras musicales y folletos de sermones.


En 1967, se conmemoró con una placa, a 100 años de la fundación de Birchalls:


"El conocimiento, el arte y la cultura se han difundido desde este sitio desde 1844"


Stanley Tilley comenzó a trabajar en Brichalls desde 1928 y en 1969 compró la tienda.


Era la librería y la editorial más antigua de Australia y en el momento de su cierre en 1902, J. A. Birchalls era el propietario de la tienda.


Ahí se vendía papel suelto para escribir, eran cuatro hojas de papel dobladas en dos, para obtener ocho.


Con el tiempo agregó pegamento por el lomo para unir las hojas y agregó una lámina de cartulina, que usó como tapa y como sostén.


De esta manera creó el primer cuaderno y lo nombró “Silver City Writting Tablet”.


Con el paso del tiempo se incorporó la costura y los espirales en lugar del pegamento.


La familia Tilley fue la última propietaria de la tienda, desde 1969 hasta el 2017 donde anunciaron su cierre. Estuvo a la venta por diez meses y sin ningún posible comprador.



Podríamos decir entonces, que el cuaderno se inventó hace 120 años, pero en realidad, desde el siglo XIV y XV hay registros de libretas hechas a mano, doblando hojas de papel a la mitad y juntándolas después.





Muchas cosas de uso cotidiano no tienen una historia y un origen definido, y los cuadernos no son la excepción.

Después de la historia de los Birchalls en Australia, no vamos a Massachusetts, donde, por otro lado, Thomas Holley de Holyoke en 1888 inventó el bloc de notas, uniendo papeles que encontraba y vendiéndolos a muy bajo precio.


Por el 1900, un juez pidió que al bloc se le agregara un margen del lado izquierdo, y así nació el “legal pad” o bloc de notas en inglés.


Obviamente, no podía dejar de lado la definición del diccionario:


Conjunto de hojas de papel, impresas o en blanco, unidas con una espiral o dobladas, encajadas o cosidas, que forman un libro delgado y que sirve para anotar cosas.


En imprenta, conjunto de cuatro pliegos de papel encajados uno dentro de otro.





La transformación que han vivido los cuadernos durante sus 120 años radica principalmente en los procesos de fabricación.


En esencia, un cuaderno ha sido y será un conjunto de hojas dentro de una tapa.


Pero los amantes de los cuadernos sabemos que detrás de esta insensible definición, un cuaderno es mucho más que un montón de papel.


Un cuaderno es un mundo, uno que está por crearse.

No sabemos nunca cuánto tiempo nos llevará, ni de que estará hecho, ni cuánto de nuestra imaginación y memoria quedarán en él.


Una hoja es para mí, una oportunidad. Un cuaderno entonces, son infinitas oportunidades.


Oportunidad de cambio, de dar vuelta la página, de continuar. De construir algo nuevo, de un reinicio. Un cuaderno es un proyecto.


Dar oportunidades es súper importante, porque todos estamos en constante evolución.


Cuando pienses en vos o en alguien especial, pensá en un cuaderno.

Por esto es que quizás en mi infancia decidí transformar un viejo cuanderno de contabilidad en Mi Diario y de ahí surgieron enormes y maravillosas aventuras como las que narro en mi Libro El Tren de Clara. Quizás la que necesitaba una oportunidad no era esa libreta, sino yo misma.









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